EL PODER DEL “NO CAMBIO”.

Muchas veces, acuden a terapia personas que aquejan un malestar, que cargan con un dolor emocional y que llevan mucho tiempo luchando por salir de esa situación. Que buscan el camino que les metió en ese embrollo de sufrimiento, para deshacerlo, pero no lo consiguen.

Normalmente, han intentado evitar aquello que les genera miedo, tener todas las variables bajo control, han pedido ayuda e involucrado a amigos y familiares para sumarles a la causa, tal vez han probado a insistir, a hacerlo diferente, a dejar de hacer… pero que por muchos intentos que hayan llevado a cabo, siguen padeciendo.

Las fórmulas son infinitas y variopintas, pero lo que tienen en común la gran parte de clientes aunque las estrategias difieran, es que todos ellos siguen luchando, intentando, pero sin éxito. Muchas veces entran en un circulo vicioso que los lleva a intentar salir, de forma cada vez más desesperada, de aquello que a lo mejor en un momento fue útil o tenía sentido, pero que por la razón que sea, lo ha dejado de ser y en vez de eso, se ha transformado en una carga y parte del propio problema metiéndolos más y más en la dinámica de sufrimiento.

Es normal que aquellos que están en una situación desagradable traten de salir de ella, pero la ansiedad producida por esos intentos infructuosos, hace que muchas veces actuemos de forma impulsiva, sin analizar la fórmula que ha creado el problema, que demos “palos de ciego”. Además, ese esfuerzo y la frustración de ver que no da resultados, hacen que las personas pierdan energía, con lo que cada vez se sienten más metidos en el “hoyo” de la desesperación, deteriorando la autoimagen, perdiendo confianza en ellos mismos y así, capacidad de resolución. Aumenta la sensación de gravedad y en el desespero, pataleamos para no ahogarnos, mientras cada vez nos vemos menos capaces de lograrlo.

Podríamos decir que parece que elegimos jugar a la piñata con nuestro dolor, antes de parar, observar, cargar pilas… y darle un golpe certero.

En éstos casos una de las primeras intervenciones que solemos realizar los terapeutas breves,  es la prescripción de “No cambio”.

Antes de dar el primer paso, suele ser bueno saber a dónde te diriges y desde la Terapia Breve Estratégica, pensamos que es más útil entender el CÓMO se generan los problemas, que el POR QUÉ y por eso, necesitamos analizarlo bien. Antes de empezar a actuar de forma impulsiva, es necesario hacerle una buena “disección” al problema. Abrirlo, estudiarlo, entender los mecanismos que lo mantienen, cómo se construye, qué es primero, etc; para intentar hacer, copiando a los chefs, una “deconstrucción” del síntoma que hace sufrir a la persona.

Al mismo tiempo, entender las buenas razones que nos llevaron a tal encrucijada, evaluar los costes y beneficios de lo que sucede, tomar consciencia y aceptar nuestras limitaciones, actúan paradójicamente como movilizadores. Al aceptar y normalizar la problemática, relativizarla, ayuda a tener una imagen más positiva de nosotros mismos ayudándonos a estar con mejor disposición para el proceso de terapia.

Otro beneficio paralelo, es que bloqueamos el pensamiento recurrente sobre lo que debería ser, la solución intentada habitual de “darle vueltas al problema” y nos posicionamos más hacia la acción. Quitar la “red de seguridad” que supone psicológicamente el sentirse actuando y haciendo algo al respecto, aun que no dé resultado, pone a la persona en una posición de responsabilidad con consciencia respecto al problema. Le plantea la cuestión de si el trabajo terapéutico es verdaderamente necesario, ya que muchas veces, el sufrimiento viene más por la propia lucha interna, la no aceptación de nosotros mismos, que por lo que sucede realmente.

Por todo ello, desde la TBE el  “No cambio” pasa de ser visto cómo una derrota o una rendición ante el problema,  a ser un acicate al ayudarnos a recuperar fortaleza, a  analizar y entender cómo llegamos a esa situación. Generando un reencuadre del problema y de los juicios a uno mismo  y  una vez bloqueado el pensamiento recurrente que nos ancla a sufrir, nos plantea si realmente seguimos empeñados en hacer algo diferente, y si es así, a aclarar el camino, marcar bien las metas y lanzarnos a por ello, con más garantías de éxito.

Porqué aceptémoslo!

Aceptar que nunca nos aceptaremos, es el primer paso hacia la aceptación…  y el cambio.

 

 

Roger Pous Medalla
Roger Pous Medalla
Col. nº 20913 Màster en Teràpia Breu Estratègica (Universitat de Girona), Postgrau en Teràpia Breu Estratègica (Universitat de Girona), Llicenciat en Psicologia (Universitat de Barcelona) Telf. 693 05 72 17

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